3 Leyendas urbanas de terror

3 leyendas urbanas de terror que te pondrán los pelos de punta

Las leyendas urbanas de terror a menudo vienen con una dosis de escepticismo, pero a veces, estas historias resultan ser ciertas. Cualquiera que sea tu leyenda urbana local, lo más probable es que todavía lo recuerdas hasta el día de hoy y tal vez, una pequeña parte de ti todavía cree.

Cada pueblo tiene esa casa, parque o camino, en la que parece habitar una presencia hostil que solo los más valientes del vecindario se atreven a pasar después del anochecer. O tal vez es ese tramo de carretera, tenebroso que se pierde a través de un denso bosque, hogar de un fantasma que murió en un accidente trágico hace años.

“Las leyendas urbanas de terror revelan verdades importantes sobre nuestros miedos más profundos y oscuros”

Sigue leyendo para conocer estas historias y mucho más. Dale un vistazo, en tu cuarto a oscuras y debajo de las sábanas, a estas 3 leyendas urbanas de terror que realmente sucedieron. Al finalizar, probablemente querrás mantener la luz del pasillo encendida esta noche.

La chica de blanco

Este es un clásico dentro de las leyendas urbanas de terror. En la web podrás ver muchas versiones de la misma, pero su esencia se mantiene. Prepara tus nervios y lee esta interesante historia.

leyendas urbanas de terror en las carreteras

Una pareja de recién casados, Miguel y Laura, conducían por la costa norte de Marbella para pasar la luna de miel de sus sueños en un pintoresco hotel con vista al mar. Tenían la esperanza de llegar antes del anochecer, pero una fuerte neblina había descendido en la carretera y su progreso fue lento. Estaban al menos a una hora y media de su destino cuando cayó la noche.

Si alguna vez ha conducido por esta carretera, sabes lo tortuoso que puede ser, con sus calles estrechas y curvas de retorno. Justo cuando pasaban una de esas curvas, pudieron ver a una mujer solitaria, muy joven con un vestido blanco tenue y parada en el hombrillo con el pulgar extendido, pidiendo un aventón.

  • Buena suerte en una noche como esta – murmuró Miguel en voz baja.
  • Para el coche y dá la vuelta – dijo Laura-. Por favor, está sola. Tenemos que llevarla.
  • Llevamos dos horas de retraso.
  • Por favor.

Miguel salió del camino y dio la vuelta. Cuando se acercaban a la chica desde la dirección opuesta, pudieron ver que su vestido estaba todo rasgado. Su rostro era pálido y demacrado.

  • ¿Podemos llevarte? – Preguntó Laura mientras se detenían a su lado.
  • Oh, gracias – dijo la joven, que parecía estar en su adolescencia o alrededor de los veinte años -. Tengo que llegar a casa, mis padres están muy enfermos.
  • ¿Dónde vives? – preguntó Miguel.
  • Justo al final de la carretera, a unos 20 kilómetros – dijo, subiéndose al asiento trasero -. Hay una intersección con una estación de servicio abandonada. Al otro lado de allí. Es una casa blanca con un jardín hermoso. Me están esperando.

Mientras se dirigían nuevamente hacia el norte, Laura intentó entablar conversación, pero la chica iba en silencio y se dejó caer en el asiento trasero, aparentemente dormida.

Después de unos 15 minutos conduciendo, Miguel vio una estación de servicio en ruinas.

  • ¿Es aquí? – preguntó -. Oye, ¿es esta la intersección?

Laura se volteó para despertar a la joven y contuvo el aliento.

  • Miguel, ella no está – dijo con asombro.
  • ¿A qué te refieres con “ella no está”? – dijo Miguel, entrando en el camino que conducía a la casa blanca -. ¿Cómo puede haberse ido?

Ella tenía razón. La chica de blanco había desaparecido.

Se encendió una luz y una pareja de ancianos, salieron de la casa.

  • ¿Podemos ayudarles? – preguntó el hombre quien parecía temer escuchar la respuesta.
  • No lo sé – comentó Miguel -. Estábamos conduciendo, y recogimos a una mujer….
  • Y ella te dio esta dirección – interrumpió el anciano -, y te pidió que la trajeras a casa – continuó.
  • Sí – dijo Laura.
  • No estás loco – dijo el hombre -. Y no eres el primero. Ella era nuestra hija. Se llamaba Diana. Ella murió hace siete años, fue asesinada por un conductor, quien la atropelló en la carretera. Nunca lo atraparon. Supongo que su espíritu no descansará hasta que lo hagan.
  • ¿No quieren entrar a tomar un café? – dijo la anciana -. Parecen estar en shock. Pasen y siéntense.
  • Gracias, pero no. Vamos tarde – dijo Laura -. Tenemos que ponernos en marcha.

Después de intercambiar despedidas incómodas, los recién casados partieron, tal como habían llegado, en un silencio atónito.

La espeluznante leyenda urbana sobre la estatua del payaso

Existen muchas leyendas urbanas de terror sobre payasos, pero esta en especial es distinta. Te contamos….

leyendas urbanas de terror sobre payasos

Una pareja de jóvenes padres decidió salir a pasear una noche en la ciudad, para distraerse y descansar. Entonces llamaron a su niñera más confiable. Al llegar la niñera, ambos niños ya estaban profundamente dormidos en la cama. Así que la niñera se sentó, les revisó y se aseguró de que todo estuviera bien con los ellos.

Más tarde en la noche, la niñera aburrida quería ver televisión, pero no podía verla abajo porque en ese lugar no tenían cable, así que los llamó a los padres y les pregunté si podía ver televisión por cable en su habitación. Por supuesto, los padres dijeron que estaba bien.

Pero le inquietaba algo de esa habitación y les preguntó si podía cubrir la gran estatua del payaso de su habitación con una manta o tela, porque la ponía nerviosa.

El padre de los niños (que estaba hablando con la niñera en ese momento), permaneció en silencio por unos segundos. Después dijo en tono nervioso “… sal de la casa y lleva a los niños… llamaremos a la policía … No tenemos una estatua de payaso”. Esa noche, la niñera, junto a los niños fueron asesinados por el payaso.

El día de hoy se piensa que el payaso era en realidad un enano que se ha escapado de una cárcel local. Se disfrazó y se escondió en la casa para evitar ser capturado, posando como una estatua para evitar ser detectado.

El experimento del sueño ruso (final alternativo)

Esta es una de las leyendas urbanas de terror que ha estado rodando por internet por más de una década y este año, casualmente llega al cine una versión completa. Veamos de que trata….

leyendas urbanas de terror de la nueva era

La historia cuenta que, a finales de la década de 1940, investigadores soviéticos sellaron a cinco reclusos en una cámara hermética y los dosificaron con un gas estimulante experimental. La idea del experimento era probar los efectos de la privación prolongada del sueño.

Monitorearon su comportamiento a través de espejos bidireccionales y sus conversaciones se analizaron electrónicamente. Debían pasar 30 días sin dormir a cambio de su libertad.

Los primeros días pasaron sin incidentes. Sin embargo, en el quinto día, los reclusos comenzaron a mostrar signos de estrés y se lamentaban por sus circunstancias. Dos días después, dejaron de mantener conversaciones con sus compañeros reclusos, eligiendo en cambio susurrar información confidencial sobre los micrófonos, en un esfuerzo por ganarse la confianza de los investigadores. En ese momento comenzó una situación de paranoia.

Al noveno día, comenzaron los gritos. Primero se observó a un sujeto, luego a otro, corriendo alrededor de la cámara gritando durante horas. Igual de desconcertante fue el comportamiento de los sujetos más tranquilos, que comenzaron a destrozar los libros que les habían dado para leer, untando las páginas con heces y pegándolas sobre las ventanas espejadas para evitar que sus acciones pudieran observarse.

Entonces, repentinamente los gritos cesaron. Los sujetos dejaron de comunicarse por completo. Pasaron tres días sin detectarse sonido desde el interior de la cámara. Temiendo lo peor, los investigadores se dirigieron a ellos a través del intercomunicador.

“Estamos abriendo la cámara para probar los micrófonos. Aléjese de la puerta y acuéstese en el piso o le dispararán. El cumplimiento le otorgará a uno de ustedes su libertad inmediata».

Una voz desde adentro respondió: «Ya no queremos ser liberados, debemos permanecer despiertos».

A la medianoche de ese mismo día, decidieron terminar el experimento. El gas estimulante fue expulsado de la cámara y reemplazado por aire fresco en preparación para la liberación de los sujetos.

Los investigadores abrieron la puerta de la cámara y enviaron soldados armados al interior para recuperarlos. Nada podría haberlos preparado para la carnicería que presenciaron al entrar.

Todos los sujetos habían sido severamente mutilados, de hecho. Peor aún, las heridas parecían autoinfligirse. Se habían desgarrado sus propios abdómenes y se habían destripado con sus propias manos. Algunos incluso habían comido su propia carne.

Nadie había sobrevivido y el estado de descomposición de los cuerpos sugería que llevaban tres días muertos. Nunca lograron explicar la voz que escucharon horas antes desde adentro les había dicho: ¡Ya no queremos ser liberados!


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